sábado, 20 de mayo de 2017

Llamamiento de los abismos

Imagen de la web del certamen
En el fondo de los pozos y los patios de luces, en los andenes, en lo hondo de los puentes y los precipicios, hay siempre una insinuación, una invitación sombría, un canto de sirena que repite claramente tu nombre. Muchas veces lo notas. O casi lo intuyes, lo presientes. Es solo un instante. Pero decisivo. Por eso, si andas cerca, si estás junto al borde, debes aferrarte a los sonidos cotidianos que te rodean para no sucumbir. Agarrarte con fuerza a la baranda, al alféizar; hincar los pies en el suelo para no dar el paso. Y vigilar, sobre todo vigilar a quien tengas a tu lado, no olvides que la llamada les llega a la vez a los otros. Y podría ser que alguien más también esté oyendo precisamente tu nombre.

Relato FINALISTA de abril, en la categoría en castellano, en el concurso de LA MICROBIBLIOTECA. Con este son dos los micros de mi cosecha que aparecerán en la recopilación editada de este año. 
Pincha AQUÍ si quieres leer a los demás finalistas, entre los que se encuentran dos amigos: Puri Menaya y Asier Susaeta. Y te invito a leer de paso el relato ganador del mes, de Arantza Portabales.

sábado, 22 de abril de 2017

ACRÓSTICO

Imagen de la red
Lo oí en algún sitio y fue un chispazo detrás de mi frente: acróstico. Enseguida comencé a imaginarme a uno de ellos, con sus patas y sus pétalos y sus gafitas de leer. Luego, continué con acrósticos de todos los colores, redondos, acabados en punta, en penacho. Rugosos. Altos como farolas, con olor a limón y tarde de otoño. Chiquitines, pegados a las esquinas, perplejos, mirando a la gente pasar. Corriendo por una pradera, perseguidos por leones o guepardos. Los vi en el fondo de los océanos, meciéndose con estrellas y caballitos de mar. Los sentía en las axilas, entre los dedos de los pies, bajándome por la rabadilla. Acrósticos, acrósticos por todas partes. Cascadas, caminos, borbotones de acrósticos montándose entre sí. Blusas estampadas de acrósticos. Abandonados en los escritorios antiguos, entre la pelusilla de los cajones, con las chinchetas y las grapas oxidadas. Si te fijabas, un acróstico podía estar brillando tímido junto a Venus. O en los teclados, donde los asteriscos, los guiones y las comillas. Acrósticos. Ideaba cabellos hermosamente peinados con acrósticos y tirabuzones. Los visualizaba en los escaparates de las pastelerías, junto a los suizos y las medias lunas. O a veces se quedaba uno de ellos iluminando en naranja, rezagado, al atardecer. Acróstico. Entrando por las ventanas de los matrimonios que ya no se quieren. Lo notaba crujir en mi boca, acróstico, para salir luego ya sin cáscara por los labios. Miraba el color acróstico de sus ojos, te amé acrósticamente y sin tapujos, me dispuse a una vida acróstica y desmedida.
Un día encontré un libro titulado “Los acrósticos más hermosos”, lo cogí. Toqué la tapa, como si leyera siendo ciego, y estuve a punto de abrirlo. Pero no. Qué iba a ganar con ello. Peor aún, qué iba a perder.

Relato con el  que participo también en #historiasdelibros de ZENDA.

sábado, 15 de abril de 2017

Niña de plata

Foto casera
El día que la luna entre por tu ventana como si fuera una ola, suponiendo que la sigas dejando abierta aunque no sea verano, tal vez levantes en ese instante la vista de lo que intentas leer, para mirarte en esa otra luna, la de tu armario, eterna orilla a la que llegas buscando, cada vez más a menudo, a aquella niña que soñaba con ser de plata. Y quizá, no digo que no te espante tanto ímpetu y tanta quietud a la vez; o que no intentes saltar cuanto te cojan en medio de sus vaivenes, que no digo eso, que no; sino que, seguramente sin pretenderlo, en un descuido, te abandones, dejes el libro abierto y te vayas con la resaca, convertida, de una vez por todas, en la sirena inerte que nunca quisiste ser. Entonces, nosotros lloraremos tu partida.

Relato con el que participo en #historiasdelibros de ZENDA. Participa, aún estás a tiempo.

sábado, 8 de abril de 2017

VISITACIÓN


Visitación parió nueve hijos, pero uno se le murió en la cuna; de muerte repentina, dice ella. Hoy todos tienen oficio y alguno, hasta carrera. Viuda al poco de nacer el último, contó siempre con la ayuda de su madre, a la que ella después cuidaría hasta apagarse del todo. También tiene catorce nietos y muchos sobrinos. De toda su familia habla con tanto orgullo Visitación, que a quien la escucha le nace una uva amarga en la garganta. A mí me ocurre algunos domingos. Cuando asisto como voluntaria a dar conversación y cariño a aquellos que nunca reciben visitas.´

Hace unas semanas participé en WONDERLAND con este micro, después de un año sin hacerlo. Y resultó finalista junto a otros de Asier Susaeta, Esperanza Tirado, Iñaki Goitia, Luis San José y Rafa Olivares. Ilusión tremenda. El ganador volvió a resultar el de Lola Sanabria, tan grande, ella. 
Sabe Dios cuándo pueda de nuevo participar... 

sábado, 18 de marzo de 2017

EL VESTIDO

Imagen de la red, tuneada.
Simona sale cada mañana con un vestido nuevo de igualdad, estampado de razones y derechos. Pero conforme pasa el día, la tela va perdiendo su color. Se destiñe con ese roce continuo que discrimina, con esa pasividad que despinta y amarillea. Sin poder evitarlo ella, se le descose el dobladillo de pura misoginia. Le rompe las costuras tanta violencia. Cada abuso es una mancha que no se quita; cada asesinato, un jirón sobre su ropa. Cuando llega la noche, camina vestida con unos harapos descoloridos que desconsuelan. Y al entrar en casa, tan muerta, ya solo lleva encima andrajos. Sucios. Andrajos completamente sucios de diferencia.

El otro relato con el que participé en ZENDA, en la convocatoria #historiasporlaigualdad.

sábado, 11 de marzo de 2017

LAPSUS

Imagen de la red, tuneada.
Marisol se levantó tarareando. Aunque no era propio de ella, que se despertaba siempre enfurruñada con la vida. Se duchó, se puso crema hidratante, insistiendo en los pechos. Escogió ropa de la comprada la semana anterior y se maquilló, discretamente según ella. Una vez peinada, y con unas gotitas de perfume, se miró y a su cara le dijo: te quiero más que a mí misma. Y se echó a reír a carcajadas desproporcionadas, más por la emoción, que le rebosaba, que por la ocurrencia. Ese día no iría a trabajar, se lo había tomado libre porque tenía cosas más importantes que hacer. Antes de salir la llamó su madre que insistió en acompañarla, porque si la primera tuvo que dejar que se encargara el padre, en esta ocasión quería estar ella presente porque sí y no se hable más. Por el camino recibió las miradas de siempre, pero esta vez no pareció notarlas. Y al llegar a la puerta ya estaba allí esperándola, con un ramo de flores variadas en la mano. Ella no pudo evitar un puchero fugaz al verlo, y su madre una llorera profunda al entregárselo. Permanecieron un rato en la acera abrazadas, diciéndose palabras que no acababan de pronunciar, intercambiando pensamientos que no necesitaban articularse. Luego, ya más tranquilas, con el carmín ajeno borrado de las mejillas y los senderos del rímel eliminados, recompuestas entraron al reino de los archivos grises. Esperaron su turno sonriéndose cada poco. Y cuando les tocó, Marisol, que debía pelear dos veces por la igualdad, puso sobre el mostrador que separaba el mundo registrado del real, los documentos tantas veces repasados y ordenados. Aquí tiene, le dijo al funcionario de los juzgados, ahora sí, póngame por fin el nombre que mi madre eligió para mí y que la naturaleza, en un lapsus, trocó por el de mi padrino. 

Relato con el que participo en la convocatoria de #historiasporlaigualdad de ZENDA. Si te apatece, el plazo finaliza el domingo, 12 de marzo.

sábado, 25 de febrero de 2017

LA VENDA

Fotografía de Alessandra Sanguinetti
Nos mandaba al patio de atrás porque desde allí no se oía nada; solo a las gallinas, que viven como si fuera a ser para siempre. Y era mejor salir que pensar. A menudo jugábamos a las bodas y a ser marido y mujer de los de la tele. Para los casamientos usábamos las flores traídas del cementerio, cuando le poníamos otras a la abuela. Un día Amparito se colocó una venda en los ojos para casarse. Yo me negué, pero dijo que así se había casado mamá, que se lo había oído murmurar llorando, mientras fregaba la lápida la tarde anterior. Entonces, sin apenas pensar, lo entendí todo.

Microrrelato inspirado en la foto, de Alessandra Sanguinetti, que proponía hace unas semanas ANA VIDAL en su Viernes Creativo. Puso como condición, esa vez, que no aparecieran adjetivos en el relato.